Lovot,un robot para amar y ser amado


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Japón es maravilloso, empezamos muchos artículos así y los que quedan, porque no es para menos. Ya no sólo es todo lo que vamos viendo en torno a los Juegos Olímpicos o ese maravilloso mundo de sus inodoros, son creaciones como Lovot, el robot diseñado solamente para ser amado, como ya insinúa su nombre.

Se escapa así de esas leyes no escritas sobre la tecnología y la robótica, aquello de que su deber sea hacer nuestras tareas más exigentes o nuestra vida más cómoda. Lovot nace con pelaje y con la única misión de que lo ames y que crees un vínculo afectivo con él. Tal cual.

Lleno de sensores para sentir tus abrazos

Creado por Kaname Hayashi, ya implicado en el desarrollo del robot Pepper, se trata de un robot de unos 50 centímetros de altura, con un motor y ruedas para que pueda perseguirnos por casa. Todo eso, como hemos dicho, bajo un manto de pelaje al más puro estilo peluche de cría de pingüino, de búho o algo así como un cachorro de perezoso, incluso.

Dispone de un altavoz para «hablar» a su manera (una especie de maullido y trino remezclado), pero nada que ver con la interacción con Alexa o alguno de los asistentes virtuales actuales. Repetimos: no nos va a facilitar ninguna tarea, ni a ser un centro domótico, ni siquiera a ponernos música: Lovot está creado para amar y ser amado.

Pesa unos 3 kilogramos y su cuerpo está recubierto de más de 50 sensores para detectar tacto y presión (no hay que escatimar en sensores cuando se trata de detectar abrazos). Además , para que no sólo sea suave, sino que además esté calentito, la temperatura que generan sus circuitos se deriva a la superficie de Lovot, de modo que alcanza una temperatura algo mayor a la media humana.

Dispone de una batería de litio que según la web del producto da para 45 minutos, con un tiempo de carga de 15 minutos. Se mueve a unos 2-3 kilómetros/hora y dos procesadores de cuatro y seis núcleos, con 8 y 4 GB de RAM.